apiedealbero

Acerca de ...
Ver perfil público del propietario del blog
El nuevo blog con otro punto de vista sobre la Fiesta Nacional, dirigido por el joven crítico Juan Carlos Antón.
Participantes
Buscador
Archivo

Servicio cortesia de miarroba.com

Valid XHTML 1.0!

Valid CSS!

CSS - Tableless

miércoles, 15 de julio de 2009

                                                                                          FOTO: burladero.com

La gente vivió el cierre de feria con desbordada pasión desde que saltó a la arena el primer torito de una corrida de Cuvillo al límite de presentación que se tapó por las caras, de Pamplona claro. Y Morante se abrió de capa. Era la tarde de la feria, marcada con rojo desde que se presentaron los carteles. Y fue buena la tarde, para quitar el sabor agrio que han dejado los Sanfermines. Sólo un borrón, un sexto toro con calidad pero que, sin fondo alguno, se echó.

No quitó eso para que la gente se divirtiera de lo lindo. El primero en darle fiesta fue Morante, a quien esperaban apasionadamente en su regreso años a. Y Morante dibujó dos faenas buenas de verdad a toros de distinta condición. Tuvo fuelle el primero, que mejoró durante la lidia y siempre quiso tomarla. Y se la dio Morante en una faena de mucha clase, gusto, inspiración y personalidad. Y toreo.

Lo toreó Morante a compás, trayéndoselo embarcado siempre, pasándoselo por la bragueta, con delicadeza y temple exquisitos. La mano que mecía la tela de Morante era la de un artista. Asentadas las plantas las más de las veces, sobre todo por la mano diestra. Se metieron en la faena la sombra y el sol, que había preparado artillería pesada para el fin de fiesta pero a Morante lo trató como a nadie en la feria. Hasta hicieron la ola.

A Morante lo arroparon y Morante se arrancó a torear en una faena buena en el toreo fundamental y primorosa en los personales remates, como a capricho. Escuchó un aviso antes de montar la espada para después dejar una estocada rinconera. Cayó el toro y cayó la oreja. Y Pamplona disfrutó con Morante.

Abierta la espita, sólo quedaba que la corrida de Cuvillo siguiese el mismo rumbo. Pero no fue así. Se dejó toda, tuvo clase, fue y vino, pero al límite de todo. Apenas se la picó, las lidias fueron mínimas y todos los depósitos se reservaron para la muleta. Por ejemplo, el segundo, que reemplazó a un toro inválido. Dos sobreros en la feria, los dos en días de figuras.

El remiendo fue un toro hondo y serio al que Juli toreó con técnica de figura. Siempre a favor del toro, le dio confianza en las primeras series a media altura para hacerlo romper. Lo templó siempre El Juli, ligándole sin perder pasos y tenerlo siempre en la mano. Duró un suspiro el toro, lo que quiso poderle Julián, y a partir de ahí, la fantasía final en trenzas, desplantes y penduleos. La estocada, la mejor de la feria, fue de oreja sí o sí.

Iba embalada la cosa y también toco pelo Perera con el tercero, de salinera capa y tocado por delante. Un toro flacón y estrecho, pero armado. Perera salió a dar réplica y arrancó con los cambiados por la espalda. Tres seguidos y un porrón de remates en trenza. La cosa estaba de canto, pero el toro no tenía gas y se empezó a quedar y a rebrincar.

Mucho más en corto, que fue donde tuvo que meterse Perera para arrancar la oreja. Antes, hubo series buenas por la diestra, bajando mucho la mano y rompiendo la cintura. Se lo pasó muy cerca y tras la estocada, otra oreja.

Entreabierta la puerta para los tres, el toro de la merienda pareció no ser tal. En Pamplona la merienda hace guardar palmas, pero no fue así. Morante se abrió de capa y toreó despacio y a compás, y se volcaron con él. El toro no quiso pelea, suelto siempre, a chiqueros terminó yéndose.  Quiso Morante, que no encontró enemigo. Había dejado un quite de personal interpretación por tafalleras, tijerillas y media. Un lujo.

La batalla del triunfo iban a librarla El Juli y Perera. El madrileño fijó al quinto en un pispas con tres lances templados. Sin picar, Julián le dio sitio y tiempo al toro, confianza sin apretar, todo en los medios, para traérselo, colocado siempre, y terminar reventándolo por abajo en dos series de las caras sobre la mano diestra. Hubo ligazón, profundidad y temple. Desplantes, penduleos y hasta ‘juegos' al final. Una faena buena en la que falló el enemigo. Estocada corta trasera y dos orejas. La segunda más de peñas que de Pamplona.

Perera quiso dar réplica pero no tuvo opción. El sexto toro se aplomó en un chocazo y terminó echándose. Por dos veces. Perera lo gobernó, mantuvo y retuvo. Lo llevó siempre, lo cuidó y lo mató bien. No había enemigo, pero sí ganas de oreja. Y la paseó. 

Por: Mario Juárez



Comentarios